Substack encaja cuando tu producto es la propia newsletter. Redactas una publicación, la entregas a tus lectores y decides más adelante si ofrecer suscripciones de pago. Publicar sin pago inicial permite validar el tema y el ritmo de escritura antes de añadir una tarifa mensual.
La parte gratuita no equivale a una promesa de que todo seguirá sin coste si empiezas a cobrar. Al activar pagos, Substack se queda con el 10 % de los ingresos por suscripciones. Para cada tarjeta de EE. UU., Stripe descuenta un 2,9 % y 0,30 $; en pagos recurrentes, Stripe Billing suma 0,7 %. Es útil separar estas capas al calcular cuánto recibirá el autor.
Un dominio personalizado cuesta 50 $ en un único pago. Aun con ese dominio, los emails continúan saliendo desde una dirección @substack.com. Además, la exportación de suscriptores no incluye nombres, un detalle que conviene tener presente si planeas trasladar la lista a otra herramienta.
Substack tiene sentido para una persona o un equipo editorial que quiere concentrarse en el contenido. Su límite práctico no se expresa como un cupo mensual de emails transaccionales: la plataforma está pensada para publicaciones y suscripciones, no para disparar mensajes de una aplicación.