Comparativa gratuita · prueba temporal frente a publicación sin coste

ActiveCampaign vs Substack gratis: probar sin cuota o emitir sin coste

Quien busca una forma gratuita de sacar una newsletter topa con dos productos que usan la palabra «gratis» con sentidos distintos. Substack permite publicar sin coste: escribes, envías a tus suscriptores y no pagas cuota de plataforma mientras no cobres a nadie; si activas suscripciones de pago, la plataforma se queda el 10 % de esos ingresos más las comisiones de la tarjeta del lector. ActiveCampaign no tiene plan gratuito permanente: ofrece una prueba gratuita para montar campañas, automatizaciones y el CRM, y cuando la prueba termina hay que contratar un plan; el escalón de entrada, Starter, cuesta 15 $ al mes con facturación anual para 1.000 contactos.

En las secciones siguientes separamos qué cubre cada versión sin coste, qué pasa con la lista, el dominio y el remitente, cómo se comporta el dinero de las suscripciones de pago en cada modelo y qué pasos implica migrar en cualquiera de las dos direcciones.

La respuesta en dos ideas

La primera idea es el tipo de producto. Substack reúne editor, envío, presencia web de la publicación, red de lectores y cobros en un solo sitio: es el camino de quien quiere emitir con el mínimo de decisiones y dar a sus lectores una puerta de pago sin montar una pasarela. ActiveCampaign es una plataforma de automatización con CRM: su terreno son los recorridos que se disparan con el comportamiento de cada contacto, la segmentación por etiquetas y el historial que comparten marketing y ventas. Si tu proyecto es un boletín que quiere crecer dentro de una red editorial, la balanza se inclina hacia Substack; si es un proceso comercial que necesita nutrir contactos paso a paso, se inclina hacia ActiveCampaign.

La segunda idea es cuándo llega el primer euro de coste. En Substack, emitir para una audiencia gratuita es gratis de principio a fin: el cargo de plataforma solo existe si cobras suscripciones, y entonces es un 10 % de lo que ingresas más las comisiones de la tarjeta. En ActiveCampaign, la prueba gratuita deja trabajar un tiempo sin pagar, pero no hay escalón gratuito al que volver cuando la prueba termina; el uso continuado empieza en 15 $ al mes con facturación anual para 1.000 contactos en Starter, y esa cuota se pague lo que se pague por suscripciones.

Comparación rápida

Este cuadro resume la diferencia práctica entre los dos servicios sin puntuaciones ni veredictos: cada celda describe el alcance real de cada opción tal como llega al mercado.

CriterioActiveCampaignSubstack
Coste de entradaPrueba gratuita sin plan permanente; Starter desde 15 $ al mes con facturación anual para 1.000 contactosPublicar sin coste; si cobras suscripciones de pago, 10 % de los ingresos más comisiones de tarjeta
Qué resuelveCampañas, automatización de marketing, CRM, segmentación y páginas de destinoEditor de publicación, envío a suscriptores, presencia en la red de lectores y cobros integrados
AutomatizaciónRecorridos por comportamiento; cinco acciones por automatización en StarterEl producto gira en torno a emitir, distribuir y cobrar, no en torno a recorridos comerciales
Dominio y remitenteLa cuenta es tuya y la lista de contactos vive dentro de ellaDominio personalizado con pago único de 50 $, pero los correos salen desde una dirección bajo substack.com
Exportación de la listaLos contactos son el activo que pagas: se cargan y se gestionan dentro de tu cuentaSe puede exportar, pero el archivo no incluye los nombres de las personas
Cómo escala15 $ con 1.000 contactos, 39 $ con 2.500, 79 $ con 5.000 y 149 $ con 10.000 en Starter, con facturación anualSin cuota por tamaño de lista; la participación solo existe sobre ingresos de pago reales

Qué significa «gratis» en ActiveCampaign

En ActiveCampaign, gratis significa prueba. Puedes abrir una cuenta sin tarjeta, montar campañas, construir recorridos automáticos y trabajar con el CRM sin pagar durante el periodo de prueba, pero no existe un plan gratuito al que volver cuando la prueba se acaba. Cualquier proyecto que quiera seguir usando la plataforma después tiene que contratar un plan, y el más barato es Starter: 15 $ al mes con facturación anual para 1.000 contactos, con un usuario y un máximo de cinco acciones por automatización. El envío mensual en Starter se ata al tamaño de la lista: hasta diez envíos por contacto al mes, de modo que una base muy activa puede quedarse corta antes de lo que lo esté el propio precio.

Los planes superiores cambian lo que la cuenta puede hacer, no el hecho de que haya que pagarla. Plus cuesta 49 $ al mes con facturación anual para 1.000 contactos y retira el tope de acciones por automatización, además de añadir páginas de destino; Pro sube a 79 $ en las mismas condiciones de lista y abre la segmentación avanzada con tres usuarios de equipo. La migración de contactos viene incluida en todos los planes, junto con formación en vídeo y soporte por chat y tiquetes, de modo que el traslado de una lista existente no es un extra que haya que presupuestar aparte.

Para quien solo quiere emitir un boletín a una audiencia que no paga nada, esa arquitectura resulta cara al principio: el coste de la herramienta existe desde el primer mes de uso continuado, con independencia de lo que la newsletter ingrese. Es el argumento que empuja a mirar Substack cuando el presupuesto es la variable que más pesa.

Qué significa «gratis» en Substack

En Substack, gratis significa emitir sin cuota. No hay un cargo mensual por tener la publicación activa ni un cargo por cada suscriptor que se añada: puedes escribir, enviar y alojar el archivo de ediciones sin pagar a la plataforma, y la única factura posible nace del momento en que decides cobrar a tus lectores. Ese momento tiene su precio fijo: la plataforma retiene el 10 % de los ingresos de suscripciones de pago, y a esa participación se suman las comisiones que aplica la tarjeta del lector. Mientras la membresía no exista, ninguno de esos cargos se activa.

Hay dos piezas de identidad que conviene conocer antes de crecer. Un dominio personalizado para la web de la publicación cuesta 50 $, pago único; aun así, los correos salen desde una dirección bajo substack.com, así que conviven dos identidades, la del sitio y la del remitente. Y cuando toca exportar la lista de suscriptores, el archivo que descargas no incluye los nombres de las personas: trae las direcciones y los datos de la suscripción, pero no el campo con el que muchos correos personalizados saludan a cada lector. Ninguno de los dos puntos impide construir una publicación grande, pero ambos condicionan la relación con la marca propia y el día en que se decida cambiar de herramienta.

El modelo encaja con quien prioriza el ritmo editorial: abrir la cuenta, escribir la primera edición y crecer mientras la audiencia se construye, sin una cuota mensual que justificar. El 10 % de participación es el precio del cobro integrado, y solo se paga cuando hay ingresos que repartir.

La economía de las suscripciones de pago

Las dos plataformas llegan al cobro de lectores con fórmulas opuestas: una cobra un porcentaje del ingreso, la otra una cuota fija que no mira lo que factures. Con Substack, una membresía que ingresa 1.000 $ al mes deja 100 $ en manos de la plataforma, el 10 %, antes de descontar las comisiones de la tarjeta; con 5.000 $ al mes, la participación sube a 500 $. El cargo crece contigo y desaparece los meses en que no cobras: no hay cuota de plataforma que pagar por la función de pago si no la usas.

Con ActiveCampaign la cuota es fija y anterior al ingreso. Starter cuesta 15 $ al mes con facturación anual para 1.000 contactos, lo que suma 180 $ facturados al año —12 × 15—, y esa cifra no cambia si tu lista cobra o no cobra nada. Si la lista crece, la factura salta por tramos: 39 $ al mes con 2.500 contactos, 79 $ con 5.000 y 149 $ con 10.000, siempre en Starter con facturación anual. A partir de ciertos tamaños, además, el plan deja de estar disponible y el suelo de precio se traslada a los niveles superiores, donde Plus empieza en 49 $ y Pro en 79 $ para 1.000 contactos.

La comparación depende del punto en el que esté tu proyecto. Al principio, con una membresía pequeña, el 10 % de Substack suele quedar por debajo de cualquier cuota mensual de software de automatización; cuando los ingresos de pago son grandes y previsibles, esa participación puede superar con holgura lo que costaría una herramienta con precio cerrado, y ahí empieza a tener sentido calcular ambas fórmulas con tus propias cifras antes de comprometerte con ninguna.

Automatización, segmentación y red de lectores

ActiveCampaign está construido alrededor de la respuesta a lo que hace cada persona. Un contacto abre un correo, visita una página o cambia de etiqueta, y el sistema puede disparar la secuencia que toque a continuación; la segmentación separa a la audiencia por comportamiento, y el CRM guarda el historial que marketing y ventas consultan en común. El plan de entrada cubre ese conjunto con un usuario y cinco acciones por automatización, suficiente para embudos sencillos; Plus elimina el tope de acciones y añade páginas de destino, y Pro abre la segmentación avanzada para equipos de tres usuarios.

Substack ordena el producto en torno a otra actividad: emitir con regularidad y encontrar lectores. La publicación tiene presencia propia dentro de la plataforma, y esa red editorial permite que alguien tropiece con tu trabajo sin que tú actives antes una campaña de captación; el cobro a miembros forma parte del mismo recorrido, sin instalar una pasarela aparte. Lo que no ofrece es un editor de recorridos comerciales del tipo que ActiveCampaign vende como núcleo de producto: si tu plan de crecimiento depende de secuencias que reaccionan a decenas de señales distintas, tendrás que montarlas en otra herramienta o aceptar un producto más simple.

La diferencia no es de calidad sino de oficio. Substack te pone la casa donde vive tu boletín: emisión, archivo, red y cobros. ActiveCampaign te pone la máquina que trabaja con cada contacto a lo largo del tiempo. Muchos proyectos acaban necesitando las dos cosas; la pregunta de esta comparativa es cuál necesitas primero y cuál puedes pagar desde el primer mes.

Propiedad de la lista, del dominio y del remitente

La descarga de contactos no lo es todo. En Substack, la lista se puede exportar, pero el archivo no incluye los nombres de las personas: si tus mensajes personalizados dependen de saludar por nombre, tendrás que conservar esa información por tu cuenta antes de cualquier traslado. El dominio personalizado de la web cuesta 50 $ una vez, pero el correo del envío continúa saliendo desde una dirección bajo substack.com, así que la identidad del remitente no viaja con el dominio del sitio.

En ActiveCampaign, el intercambio es otro: la lista vive dentro de una cuenta que pagas por el número de contactos que guardas, y la migración de contactos está incluida en todos los planes para facilitar la carga inicial. El activo que te llevas en un caso es un archivo con direcciones sin nombres; en el otro, un conjunto de contactos con las etiquetas y el historial que hayas construido dentro de la herramienta. Conviene guardar copias de seguridad periódicas de la lista en cualquiera de los dos escenarios y documentar el consentimiento de cada alta, porque el procedimiento es lo que hace posible un cambio futuro con tranquilidad.

El remitente es la tercera pieza de identidad. Substack fija el envío en una dirección bajo substack.com; con ActiveCampaign, la cuenta de campañas es una infraestructura que administras tú dentro de tu organización. Definir quién atenderá las bajas, quién guarda las descargas de contactos y cómo se cuenta a los lectores qué se hace con sus datos es trabajo que ninguna de las dos plataformas hace por ti, y que conviene dejar escrito antes de crecer.

Para quién encaja cada opción

Substack cuando el proyecto es un boletín con techo bajo de entrada

Substack encaja con quien quiere empezar a emitir esta semana sin contratar nada: la publicación no cuesta, la lista puede crecer sin mover una cuota y la posibilidad de cobrar a lectores está dentro del mismo producto, con un 10 % de participación sobre los ingresos de pago más las comisiones de la tarjeta. También encaja con quien busca lectores que aún no conoce, porque la red de la plataforma funciona como escaparate mientras tu propio canal de captación arranca.

A cambio, aceptas de antemano tres condiciones: los correos salen desde una dirección bajo substack.com, el dominio propio de la web cuesta 50 $ una vez y la exportación de la lista no incluye nombres. Si tu proyecto puede vivir con esas condiciones —o si aún no sabes si va a cobrar—, es el camino con menos fricción financiera del par.

ActiveCampaign cuando el proyecto es un proceso comercial

ActiveCampaign encaja con quien trabaja con contactos que no son solo lectores: formularios que captan, secuencias que los nutren, etiquetas que describen su comportamiento y un CRM donde el equipo de ventas consulta el historial de cada uno. El plan de entrada cubre un usuario y cinco acciones por automatización; Plus añade segmentación estándar y páginas de destino por 49 $ al mes con facturación anual a 1.000 contactos, y Pro añade segmentación avanzada y tres usuarios por 79 $ en las mismas condiciones de lista.

También encaja con quien no quiere administrar nada más allá de la herramienta: la cuenta vive en la nube, la migración de contactos está incluida y no hay instalación que mantener. El límite es el económico: no hay plan gratuito permanente, así que la plataforma solo compensa si el trabajo de automatización y CRM justifica la cuota mensual desde el primer mes de uso, con independencia de lo que la newsletter llegue a facturar.

Migrar en los dos sentidos

Pasar de Substack a ActiveCampaign empieza con la exportación de la lista. El archivo no trae los nombres de las personas, así que si tu saludo personalizado depende de ese campo, consérvalo por tu cuenta antes de cruzar la frontera; después cargas las direcciones como contactos dentro de tu cuenta —ActiveCampaign incluye la migración de contactos en todos los planes— y reconstruyes sobre ellas lo que en Substack vivía de otra forma: formularios de captación, segmentos por etiquetas y, si el proyecto lo pide, los primeros recorridos automáticos. Los suscriptores de pago no se trasladan como tales: hay que comunicarles el cambio y definir qué pasa con sus cobros.

El camino inverso, de ActiveCampaign a Substack, arranca con la exportación de los contactos y su importación como suscriptores de la nueva publicación. El sitio web, el archivo de ediciones y la página de inscripción se montan dentro de Substack, y las suscripciones de pago, si las necesitas, se activan en el propio producto asumiendo el 10 % de participación más las comisiones de la tarjeta. Las automatizaciones más complejas no se convierten tal cual, porque el editor de recorridos no tiene equivalente en el destino; lo que sí se preserva es la relación directa con cada lector y la posibilidad de crecer dentro de la red de lectores.

En cualquiera de los dos traslados, el orden que funciona es el mismo: copia completa de la lista, importación de prueba con un grupo reducido, envío de verificación para comprobar enlaces y opción de baja, y solo después el anuncio a la audiencia. Guarda el archivo original hasta confirmar que todo llegó bien, y fija una fecha de corte para que la misma edición no salga dos veces desde dos plataformas distintas.

Preguntas frecuentes

¿ActiveCampaign tiene plan gratuito?

No tiene plan gratuito permanente. Lo que ofrece es una prueba gratuita que no pide tarjeta y que sirve para montar campañas, automatizaciones y el CRM antes de decidirte. Cuando la prueba se acaba, el uso continuado se paga, y el escalón de entrada es Starter: 15 $ al mes con facturación anual para 1.000 contactos, con un usuario y un máximo de cinco acciones por automatización.

¿Substack es gratis de verdad?

Publicar no cuesta nada: no hay cuota mensual ni cargo por número de suscriptores. El único coste llega si activas suscripciones de pago: la plataforma retiene el 10 % de esos ingresos y a esa participación se suman las comisiones de la tarjeta del lector. Si tus lectores no pagan, tu factura con Substack es de 0 $.

¿Cuánto se lleva Substack con 1.000 $ al mes de ingresos de pago?

Con 1.000 $ mensuales de suscripciones de pago, la participación de Substack es de 100 $, el 10 %, y todavía se descuentan las comisiones de la tarjeta; con 5.000 $ mensuales, de 500 $. En ActiveCampaign la cuota no depende de lo que factures: Starter cuesta lo mismo con 0 $ de ingresos que con cualquier cifra, 15 $ al mes con facturación anual para 1.000 contactos.

¿Puedo usar mi dominio en Substack?

Sí, con un pago único de 50 $. Ten en cuenta que los correos salen desde una dirección bajo substack.com aunque la web de la publicación lleve tu dominio: el remitente no cambia con la configuración del dominio. Si para ti es prioritario que el lector vea tu marca en el envío, ese detalle pesa más que el pago único.

¿Cómo crece la factura de ActiveCampaign cuando crece la lista?

El precio sigue al número de contactos que guardas en la cuenta. En Starter, 15 $ al mes con facturación anual a 1.000 contactos pasa a 39 $ con 2.500, a 79 $ con 5.000 y a 149 $ con 10.000. En Substack el tamaño de la lista no mueve ninguna cuota mientras no cobres; si cobras, lo que crece es la participación del 10 % sobre tus ingresos de pago.

¿Se puede migrar de Substack a ActiveCampaign y al revés?

Sí, en los dos sentidos. De Substack a ActiveCampaign exportas la lista —el archivo no trae nombres—, la cargas como contactos y reconstruyes formularios y segmentos dentro de la cuenta; ActiveCampaign incluye la migración de contactos en todos sus planes. De ActiveCampaign a Substack exportas tus contactos, los importas como suscriptores y vuelves a montar la página de inscripción y el archivo de ediciones.